Las zonas francas son plataformas para el desarrollo económico. Son flexibles y adaptan a políticas económicas, generando beneficios rápidos y efectos al desarrollo económico de la región.
Una zona franca es básicamente un centro de competitividad global, con incentivos tributarios y una ubicación estratégica. Entre los principales incentivos se encuentran:
· Exención de impuestos a los insumos y activos fijos.
· Exención de impuestos a la renta e ingresos por exportación.
· Régimen especial para empresas que se instalan en la zona.
· Libertad cambiaria.
Hoy existen 2,000 zonas francas en el mundo que general unos 2 millones de empleos. Sólo en los EU funcionan 213 zonas francas, en donde 2,700 empresas generando 150 mil millones de dólares. El 30% de la producción se destina a la exportación.
En la República Popular de China (China comunista), existen 124 zonas francas. Actualmente se desarrollan 10 mil proyectos que movilizan 120 mil millones de dólares y exporta el 8% de la producción.
Las zonas francas han ido cambiando de estrategia en el tiempo. En los años 60, ellas servían como centro de comercio. Hoy, en cambio, surgen como plataforma de promoción industrial y de servicios para la nueva realidad económica del mercado global.
El proceso de globalización ha obligado a la eliminación de subsidios a la exportación, la reducción drástica de las políticas proteccionistas y; el nacimiento de nuevos conceptos como: centro internacional de servicios, inversión extranjera, tecnología punta, estabilidad jurídica, instrumentos financieros y libertad económica.
Una zona franca genera divisas, inversión, tecnología, producción, riqueza y, fundamentalmente creación de empleo. El fenómeno de los llamados “tigres de Asia”, no se podría explicar sin la existencia e zonas especiales.
Estados Unidos y México, con 213 y 103 zonas francas respectivamente, son otro ejemplo interesante del impacto de una zona franca en el área laboral, no sólo por la instalación de fábricas o factorías, sino también, por la generación de empleo que logra por medio de las maquiladoras y otros servicios complementarios.
Según la OIT, en Centro América, 52 zonas francas generan un promedio de 55 mil puestos de trabajo; Costa Rica ha creado 50 mil empleos en el área de confecciones y electrónica y la zona franca de Colón en Panamá da trabajo directo a 22 mil personas.
Entre las principales críticas que se lanzan contra las zonas francas cabe señalar el hecho real de que existe una tendencia a generar empleos descartables, es decir utiliza empleo intensivo, de alta rotación, eventual y que propician la subcontrata con una clara tendencia al ensamblaje, servicios complementarios y el comercio; genera empleo intensivo pero de poca especialización y sin establecer pautas que permitan entrenamiento y transferencia de nuevas tecnologías o desarrollo científico.
Esta realidad implica la necesidad de diseñar una estrategia de inversión que sea compatible con el Proyecto de Desarrollo Nacional y los Objetivos Nacionales.
Una zona franca es básicamente un centro de competitividad global, con incentivos tributarios y una ubicación estratégica. Entre los principales incentivos se encuentran:
· Exención de impuestos a los insumos y activos fijos.
· Exención de impuestos a la renta e ingresos por exportación.
· Régimen especial para empresas que se instalan en la zona.
· Libertad cambiaria.
Hoy existen 2,000 zonas francas en el mundo que general unos 2 millones de empleos. Sólo en los EU funcionan 213 zonas francas, en donde 2,700 empresas generando 150 mil millones de dólares. El 30% de la producción se destina a la exportación.
En la República Popular de China (China comunista), existen 124 zonas francas. Actualmente se desarrollan 10 mil proyectos que movilizan 120 mil millones de dólares y exporta el 8% de la producción.
Las zonas francas han ido cambiando de estrategia en el tiempo. En los años 60, ellas servían como centro de comercio. Hoy, en cambio, surgen como plataforma de promoción industrial y de servicios para la nueva realidad económica del mercado global.
El proceso de globalización ha obligado a la eliminación de subsidios a la exportación, la reducción drástica de las políticas proteccionistas y; el nacimiento de nuevos conceptos como: centro internacional de servicios, inversión extranjera, tecnología punta, estabilidad jurídica, instrumentos financieros y libertad económica.
Una zona franca genera divisas, inversión, tecnología, producción, riqueza y, fundamentalmente creación de empleo. El fenómeno de los llamados “tigres de Asia”, no se podría explicar sin la existencia e zonas especiales.
Estados Unidos y México, con 213 y 103 zonas francas respectivamente, son otro ejemplo interesante del impacto de una zona franca en el área laboral, no sólo por la instalación de fábricas o factorías, sino también, por la generación de empleo que logra por medio de las maquiladoras y otros servicios complementarios.
Según la OIT, en Centro América, 52 zonas francas generan un promedio de 55 mil puestos de trabajo; Costa Rica ha creado 50 mil empleos en el área de confecciones y electrónica y la zona franca de Colón en Panamá da trabajo directo a 22 mil personas.
Entre las principales críticas que se lanzan contra las zonas francas cabe señalar el hecho real de que existe una tendencia a generar empleos descartables, es decir utiliza empleo intensivo, de alta rotación, eventual y que propician la subcontrata con una clara tendencia al ensamblaje, servicios complementarios y el comercio; genera empleo intensivo pero de poca especialización y sin establecer pautas que permitan entrenamiento y transferencia de nuevas tecnologías o desarrollo científico.
Esta realidad implica la necesidad de diseñar una estrategia de inversión que sea compatible con el Proyecto de Desarrollo Nacional y los Objetivos Nacionales.
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