El fin supremo del Estado es el bien común de la nación, este objetivo central sólo puede ser alcanzado con una propuesta de planeamiento estratégico y seguridad integral. Ello implica definir y trabajar por alcanzar objetivos nacionales, que son las metas estratégicas que de la nación, implementadas a través, del Estado, que es la nación jurídicamente organizada.
Dicho de otro modo, para alcanzar el desarrollo nacional, alcanzar el bienestar y la seguridad integral, es indispensable planificar a largo plazo, organizando el espacio y fijando metas de crecimiento, a partir del potencial nacional y el poder político, económico, sicosocial y militar, es capaz de alcanzar en etapas definidas y concretas a corto, mediano y largo plazo, aprovechando tanto la realidad geopolítica, como las megatendencias de la llamada aldea global, así como las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución geoestratégica que hoy se vive a escala planetaria.
Hay que decirlo con toda claridad que no basta tener una visión del futuro, lo que también se necesita es planificar el futuro. Para ello, insistimos, hay que romper con el círculo vicioso del inmediatismo y las nefastas políticas de gobierno que por, incapacidad, oportunismo o cálculo electoral sólo son capaces de atender los problemas del día-día, menospreciando la planificación y considerando al planeamiento estratégico y la seguridad integral como un tema de ejercicio intelectual de analistas civiles y militares y sin entender que se trata de un asunto de primera prioridad del Estado.
¿Cómo se puede construir un país sin tener objetivos nacionales, sin planeamiento estratégico ni metas claras para los próximos: 5, 10, 20, 30 o 50 años? ¿Cómo enfrentar los desafíos del futuro, las megatendencias y la revolución científico-tecnológica, con programas de emergencia y políticas coyunturales o populistas, que sólo buscan salvar el momento en busca de votos?
El crecimiento de un país sólo es posible con la planificación de su desarrollo armónico y la ocupación de su espacio; y ello sólo es posible con la formulación de un Proyecto Nacional, proyectos regionales, planes reguladores, planes directores y planes maestros, que permitan construir una nueva realidad para beneficio de la nación.
El futuro de la nación, ya no puede seguir en manos de políticos de plazoleta. Es indispensable remplazarlos por una élite política, económica y social capaz de formar estadistas, que desarrollen un proyecto nacional de crecimiento económico, cuyo principal objetivo sea construir un estado-nación, planificado, con objetivos nacionales; que haga planeamiento del desarrollo y busque la seguridad integral, no como una imposición burocrática sino como un derecho democrático de la nación.
Dicho de otro modo, para alcanzar el desarrollo nacional, alcanzar el bienestar y la seguridad integral, es indispensable planificar a largo plazo, organizando el espacio y fijando metas de crecimiento, a partir del potencial nacional y el poder político, económico, sicosocial y militar, es capaz de alcanzar en etapas definidas y concretas a corto, mediano y largo plazo, aprovechando tanto la realidad geopolítica, como las megatendencias de la llamada aldea global, así como las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución geoestratégica que hoy se vive a escala planetaria.
Hay que decirlo con toda claridad que no basta tener una visión del futuro, lo que también se necesita es planificar el futuro. Para ello, insistimos, hay que romper con el círculo vicioso del inmediatismo y las nefastas políticas de gobierno que por, incapacidad, oportunismo o cálculo electoral sólo son capaces de atender los problemas del día-día, menospreciando la planificación y considerando al planeamiento estratégico y la seguridad integral como un tema de ejercicio intelectual de analistas civiles y militares y sin entender que se trata de un asunto de primera prioridad del Estado.
¿Cómo se puede construir un país sin tener objetivos nacionales, sin planeamiento estratégico ni metas claras para los próximos: 5, 10, 20, 30 o 50 años? ¿Cómo enfrentar los desafíos del futuro, las megatendencias y la revolución científico-tecnológica, con programas de emergencia y políticas coyunturales o populistas, que sólo buscan salvar el momento en busca de votos?
El crecimiento de un país sólo es posible con la planificación de su desarrollo armónico y la ocupación de su espacio; y ello sólo es posible con la formulación de un Proyecto Nacional, proyectos regionales, planes reguladores, planes directores y planes maestros, que permitan construir una nueva realidad para beneficio de la nación.
El futuro de la nación, ya no puede seguir en manos de políticos de plazoleta. Es indispensable remplazarlos por una élite política, económica y social capaz de formar estadistas, que desarrollen un proyecto nacional de crecimiento económico, cuyo principal objetivo sea construir un estado-nación, planificado, con objetivos nacionales; que haga planeamiento del desarrollo y busque la seguridad integral, no como una imposición burocrática sino como un derecho democrático de la nación.
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